Ser abuelo hoy: cómo conectar con tus nietos en la era digital

Ser abuelo o abuela hoy no se parece del todo a como lo vivieron nuestros padres o abuelos. Los nietos crecen rodeados de pantallas, viven a veces lejos, y sus días se llenan de cosas que a uno le pueden sonar a chino: series, videojuegos, aplicaciones nuevas cada poco tiempo.
Nada de eso tiene por qué ser un obstáculo. El vínculo entre abuelos y nietos sigue siendo el mismo de siempre; solo cambian algunas de las formas de mantenerlo vivo.
Por qué a veces cuesta más que antes
La distancia es, muchas veces, el primer motivo: hijos que se han mudado a otra ciudad, o incluso a otro país, hacen que ver a los nietos en persona no sea algo de cada semana.
A eso se suma que los nietos, sobre todo cuando ya son adolescentes, tienen su vida propia: amigos, estudios, aficiones que van cambiando. Y no siempre resulta fácil encontrar un tema de conversación que les interese de verdad a los dos.
Nada de esto es un fracaso. Es, sencillamente, cómo son las familias ahora.
La tecnología puede acercar, no solo alejar

Una videollamada corta, pero frecuente, suele acercar más que una carta larga de vez en cuando.
Una videollamada los domingos, por ejemplo, permite ver caras y gestos que una llamada normal no transmite. No hace falta manejarla a la perfección: con pedirle a un hijo que te lo enseñe una vez, y practicar un par de veces más, suele ser suficiente para perder el miedo.
- Mandar una foto sin motivo especial: del jardín, de la comida que has hecho, de algo que te ha recordado a ellos. Genera más conversación de la que parece.
- Compartir álbumes de fotos antiguas: a muchos nietos les fascina ver cómo era la vida de sus abuelos de jóvenes.
- Preguntar por lo suyo, aunque no lo entiendas del todo: un videojuego, una serie, un cantante. El interés se nota, aunque no sepas de qué va.
- Jugar juntos, en persona o a distancia: hay juegos de mesa clásicos, y también aplicaciones pensadas para jugar en familia por videollamada.
Los momentos en persona siguen siendo insustituibles
Una tarde compartida sin prisa vale más que muchas videollamadas seguidas.

Cuando hay ocasión de verse, lo que más se recuerda no suelen ser los grandes planes, sino los ratos sencillos: cocinar juntos, enseñarles algo que tú sabes hacer bien, o simplemente sentarse a hablar sin prisa, sin móvil de por medio.
Enseñarles algo tuyo —una receta de la familia, un oficio, una afición de toda la vida— suele crear un vínculo que dura mucho más que cualquier regalo.
Cuando los nietos ya son mayores
Con nietos adolescentes o ya adultos, el vínculo cambia de forma. Puede que ya no busquen jugar contigo, pero sí valoran mucho tener a alguien que les escuche sin juzgar y sin dar sermones.
Ser ese abuelo o abuela con quien se puede hablar de cualquier cosa, sin miedo a que se lo cuenten a los padres, es un papel que muy pocas personas pueden ocupar en la vida de un joven.
Y si en casa se echan de menos otras relaciones, además de la familia, nunca está de más cuidar también las amistades propias en esta etapa — una vida social variada hace bien a toda la familia, abuelos incluidos.
El cariño entre abuelos y nietos no necesita fórmulas complicadas. Con un poco de interés genuino y algo de paciencia con la tecnología, el vínculo se mantiene fuerte, cambie lo que cambie alrededor.
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