Terapias alternativas que sí pueden ayudarte en la tercera edad

Pareja de personas mayores practicando tai chi al aire libre en un parque

Probar algo nuevo a los 70 u 80 años no siempre resulta fácil — cuesta más salir de lo conocido, y a veces da un poco de pudor apuntarse a una clase de yoga o dejarse llevar por la música delante de otros.

Pero cuando se anima a hacerlo, con calma y sin prisa, los resultados suelen sorprender.

Las terapias complementarias no sustituyen al médico ni al tratamiento de toda la vida, pero pueden ser un apoyo real para el bienestar físico y emocional en esta etapa. Aquí van las que sí tienen respaldo y para qué sirve cada una — y también alguna advertencia sobre las que conviene tomar con cautela.

Índice
  1. Terapias que sí ayudan, y qué aportan cada una
  2. La compañía de un animal también es terapia
  3. Cómo elegir la terapia adecuada

Terapias que sí ayudan, y qué aportan cada una

Dos mujeres mayores haciendo estiramientos de yoga en una clase

Yoga y tai chi: movimientos suaves que mejoran el equilibrio y la flexibilidad.

Se practican sentado o de pie, se adaptan a cada nivel de movilidad, y ayudan además a bajar el ritmo mental — algo que muchas personas mayores agradecen especialmente en momentos de más nervios o insomnio.

Musicoterapia: escuchar o tocar música despierta recuerdos y emociones.

Dos mujeres mayores con auriculares disfrutando de una sesión de musicoterapia

Es especialmente útil en personas con alzhéimer u otras demencias: una canción de toda la vida puede llegar donde no llega una conversación. Y no hace falta un diagnóstico para disfrutarla — cantar, bailar en el salón o simplemente escuchar con los ojos cerrados ya tiene su efecto.

Arteterapia: pintar, modelar barro o simplemente dibujar, sin ninguna pretensión artística, ayuda a expresar lo que a veces cuesta poner en palabras. Aromaterapia: los aceites esenciales (lavanda, manzanilla) no curan nada por sí solos, pero como apoyo para relajarse antes de dormir, a mucha gente le funciona bien.

Calor y sauna: el calor relaja los músculos y mejora la circulación, y para quien esté acostumbrado puede ser un buen momento de desconexión. Pero aquí toca ser prudentes: el calor intenso sube la frecuencia cardíaca y puede bajar la tensión de golpe, así que si hay hipertensión, problemas de corazón o se toma medicación para la tensión, lo primero es comentarlo con el médico — puedes ver más en nuestra guía sobre cómo controlar la presión arterial de forma natural. Ante la duda, sesiones cortas y sin prisa, nunca a solas la primera vez.

Hay otras terapias, como el reiki o el biomagnetismo, que se anuncian con promesas de "equilibrar la energía" o "regular el pH del cuerpo". No hay evidencia científica seria que respalde esas afirmaciones, así que, aunque a algunas personas les resulten relajantes como momento de calma, mejor no esperar de ellas un efecto curativo real — y desconfiar de quien lo prometa.

La compañía de un animal también es terapia

Mujer mayor abrazando con cariño a un perro de terapia al aire libre

Cuidar de una mascota, o simplemente pasar tiempo con ella, tiene un efecto que se nota.

Baja el estrés, anima a moverse un poco más (sacar a pasear al perro, por ejemplo), y para quien vive solo, la compañía de un animal puede llenar buena parte del día. Muchas residencias y centros de día ya organizan visitas de perros de terapia precisamente por esto — no hace falta tener una mascota propia para beneficiarse.

Cómo elegir la terapia adecuada

No todas funcionan igual para todo el mundo, y eso está bien — se trata de probar sin presión. Antes de empezar cualquiera de ellas, sobre todo si hay alguna condición de salud de por medio, coméntalo con el médico. Y luego, deja que decida el propio gusto de la persona: no tiene sentido apuntar a alguien a yoga si lo que de verdad le llena es la música, o al revés.

Muchos centros de día y asociaciones de mayores ofrecen varias de estas actividades en grupo, lo cual añade un beneficio extra que no hay que subestimar: la compañía. A veces el beneficio no viene solo de la terapia en sí, sino de las personas con las que se comparte la sesión.

Empezar algo nuevo a esta edad no tiene nada de extraño — al contrario, es una forma estupenda de seguir cuidando la mente y el ánimo, no solo el cuerpo.

No hace falta acertar a la primera; con probar con calma y sin exigirse nada ya se gana algo.

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